La IA y la sanidad

MOOC – «Una IA para aprender».

TAREA – Reflexiona sobre la frase: el objetivo último de la IA debe ser “prevenir para que la enfermedad no llegue a aparecer nunca”.


La idea de utilizar la inteligencia artificial para prevenir enfermedades antes de que aparezcan suena muy bien. Pero, como en todo, habría que considerar varios aspectos.

En primer lugar, las enfermedades varían y los virus mutan, de forma que predecir algunos patrones en las enfermedades puede ser una tarea ciertamente difícil, mientras que otros puede que resulten más sencillos de definir.

También están los factores genéticos, que harán que un individuo esté más predispuesto a desarrollar una determinada enfermedad. Ese factor sí que lo veo más sencillo de prevenir, mientras que los múltiples factores ambientales (alimentación, radiación, ambientes con humo…) hacen de este un factor altamente impredecible.

Además, la ética y la privacidad son detalles fundamentales. Imaginemos un escenario en el que la IA predice una enfermedad antes de que aparezca. ¿Cómo manejaríamos esa información? ¿Quién tendría acceso a ella? ¿Podría haber discriminación basada en riesgos potenciales de enfermedades? ¿Las farmacéuticas podrían desarrollar la vacuna o el tratamiento antes de que se propagara la enfermedad teniendo acceso a eso datos?
El acceso equitativo a estas tecnologías y los posibles impactos en la atención médica son temas importantes a considerar.

Aún así, que la IA sea capaz de anticipar enfermedades o pandemias, ofreciendo diagnósticos mucho más precisos y proponiendo tratamientos más eficaces tiene que verse como algo altamente positivo. otra cosa es cómo manejemos esa información y con qué fines más o menos lucrativos la podamos utilizar.

Aunque quizás no logremos prevenir todas las enfermedades, sí que podemos avanzar significativamente hacia una atención médica más personalizada y eficaz.

En resumen, la prevención total de enfermedades a través de la inteligencia artificial puede ser un objetivo difícil de alcanzar, pero su aplicación en la atención médica tiene un potencial enorme para mejorar nuestras vidas. Pero habrá que encontrar un equilibrio ético en todas estas prácticas.

Me presento (again)

 

MOOC: “APRENDIZAJE DE LENGUAS SIN FRONTERAS: MULTIMODALIDAD Y FACTORES AFECTIVOS EN LA ENSEÑANZA DE IDIOMAS”.
Reto – Crea tu propio avatar y preséntate.


 

¡Hola a todos!
Mi nombre es Álvaro Castillo y soy maestro especialista de Música.
A través de este MOOC espero profundizar en en el aprovechamiento de los recursos digitales y la atención a los factores afectivos a través de la enseñanza de los idiomas. Y, como la Música es un lenguaje y, además es universal, seguro que, de algún modo, puedo aplicar lo aprendido en mi aula.
Desde luego, la principal motivación es la de seguir aprendiendo y formándome a través delas TIC para mejorar mi competencia digital docente y

Reflexión sobre un texto de Thich Nhat Hanh

MOOC: “HABILIDADES PARA LA VIDA EN CONTEXTOS EDUCATIVOS”.
Unidad 4: Empatía.
Tarea 2 – Reflexión a partir de una metáfora.


Cuando plantas una lechuga, si no crece bien no echas la culpa a la lechuga. Intentas encontrar las razones por las que no está creciendo correctamente. Puede que necesite fertilizante, o más agua, o menos sol. Nunca le echas la culpa a la lechuga. Sin embargo, cuando tenemos problemas similares con nuestros amigos o familiares solemos echarles la culpa. Pero si sabemos cómo cuidar de ellos, crecerán bien, como la lechuga. Culpar al otro no tiene ningún efecto positivo, y tampoco lo tiene el intentar persuadir usando razones o argumentos. Esa es mi experiencia. No culpar, no razonar, no argumentar, solo comprender. Si comprendes, y demuestras tu comprensión, puedes amar, y las cosas pueden cambiar.

REFLEXIÓN:

Todos buscamos resultados positivos durante el proceso educativo de nuestros alumnos y, aunque sabemos que dicho resultado es la suma de muchos valores distintos, cuando un alumno fracasa solemos culpar de dicho fracaso únicamente al propio alumno, sin reflexionar qué podríamos haber hecho mejor nosotros como docentes y todo el resto de elementos que rodean a dicho alumno para mejorar su resultado.

Únicamente evaluando nuestro trabajo y el de nuestros compañeros, así como el cómo tratamos a los alumnos todas y cada una de las personas que intervienen en este proceso educativo, únicamente entonces podremos obtener una mejora significativa del sistema educativo.

4 acciones para mejorar la empatía

MOOC: “HABILIDADES PARA LA VIDA EN CONTEXTOS EDUCATIVOS”.
Unidad 4: Empatía.
Tarea 1 – Accines para mejorar la empatía.


ACCIÓN nº1: ELABORAR PREGUNTAS ABIERTAS

En la asamblea inicial de cada semana, al darles la bienvenida a clase o en cualquier debate que queramos plantear durante la clase, en lugar de hacerles preguntas cerradas como “¿Tenéis ganas de trabajar?”, plantearles cuestiones como “¿qué esperáis de esta semana?, ¿con qué ánimo venías al colegio hoy?, ¿os ha pasado algo estupendo este fin de semana y queréis contárselo a toda la clase?, ¿os por qué os gusta u os disgusta venir a mi clase?, ¿cómo podríamos hacer los demás que te sientas mejor en clase?”.

REFLEXIÓN SOBRE LO PRACTICADO ESTA SEMANA: Aunque es algo que practico de vez en cuando, esta semana lo he hecho con más frecuencia, comenzando todas las clases (soy especialista de Música y cada hora pasa un grupo distinto por mi aula) preguntándoles a mis alumnos qué tal se sentían, si tenían algo interesante que contarme, cómo podríamos mejorar mi forma de dar clases o la organización del aula para que ellos se sintieran más a gusto y tuvieran más ganas de trabajar y aprender…

La verdad es que en casi todas las clases han salido propuestas interesantes, aunque algunas eran muy vagas y otras del tipo “no hagas exámenes” o “pon un 10 a toda la clase”, con las que, generalmente, nos hemos reído bastante.

ACCIÓN nº2: ELIMINAR PREJUICIOS SOBRE ALUMNOS

Tanto los alumnos como los maestros tenemos prejuicios formados sobre algunos alumnos, tanto en sentido negativo como en sentido positivo. Que si se porta siempre muy mal, que si nunca atiende, que si nunca hace las tareas, que si es incapaz de hacer una actividad, que si es un sabelotodo y siempre responde, que si siempre termina el primero…

Hay que esforzarse por eliminar los estereotipos y los prejuicios que todos tenemos formados sobre algunos alumnos (ya sean positivos o negativos) tratarlos a todos (tanto maestros como alumnos) como si esos roles predefinidos no existieran. Hay que dar una nueva oportunidad de hacerlo bien (o de equivocarse) en cada clase, animando a los alumnos a hacerlo todo lo mejor que cada uno pueda.

ACCIÓN nº3: PRESTAR ATENCIÓN A LOS PEQUEÑOS DETALLES

Muchas veces, nuestros ojos son capaces de ver detalles que, a menudo, pasan inadvertidos. Cómo se sienta un niño en clase, cómo se relaciona con los que se sientan a su alrededor, con quién se pone a jugar o hablar cuando les dices que tienen 3 minutos de descanso para hacer lo que les apetezca (sin alborotar), quién se queda sólo (y por qué) cuando pides que hagan grupos de 3 o 4 para hacer un juego…

Con esos ejercicios de atención podemos descubrir mucho acerca de cómo se sienten los alumnos dentro del grupo clase, cómo se relacionan entre ellos, quiénes son líderes y quiénes excluidos…

 

ACCIÓN nº4: NO EMITIR JUICIOS SOBRE LOS ERRORES DE LOS ALUMNOS

Cuando un alumno diga que esto u otro no le sale, hay que evitar sermonearle con críticas del estilo “es que no estabas atento en clase” o “seguro que no has estudiado nada en casa”. Cuando un niño dice que no quieren hacer grupos de trabajo con él, hay que evitar sermonearle con críticas del estilo “claro, como nunca aportas nada están hartos de hacer tu parte del trabajo” o “normal, como siempre te pasas la clase molestando y sin atender, nadie quiere trabajar contigo”.

Si un alumno prevé que se le va a sermonear, nunca nos contará cómo se siente y nunca se nos “abrirá” para que realmente podamos ayudarle, por lo que evitar este tipo de sermones nos puede ayudar a crear un ambiente más empático.

La importancia de escuchar

Recuerdo con nostalgia cómo mi padre me lo contó decenas de veces mientras comíamos en casa.

Volvía del trabajo hastiado. Veía cómo la empresa donde trabajaba iba de mal en peor. Y él, que lleveba cuarenta años en la misma fábrica de zapatos, haciendo la misma tarea, conocedor como nadie de aquellas labores, sufría a diario la estupidez de un jefe empeñado en culpabilizar a los trabajadores de lo mal que le iban las cosas mientras que no paraba de dar palos de ciego en busca de la solución a sus problemas. Contaba mi padre cómo, con humildad, trataba de decirle al dueño de aquel tinglado cómo él mejoraría algunas partes del proceso de fabricación, de forma que se redujeran los gastos, que mejorara la calidad del producto y que, por tanto, aumentaran los beneficios. Pero el dueño, por aquello de que «piensa el ladrón», hacía justo lo contrario de lo que le aconsejaban sus trabajadores, argumentando siempre que ellos lo único que querían era trabajar menos. No se fiaba ni de su sombra y, receloso, nunca escuchaba la opinión de los que mejor sabían lo que aquella fábrica necesitaba. Desde el desconocimiento y la ceguera que, sobre el proceso de fabricación, le proporcionaban las paredes de su despacho, despotricaba continuamente sobre todos los trabajadores, cambiaba esto y aquello mientras aumentaba el malestar general de todos los trabajadores y sin encontrar nunca la solución.

Recuerdo con tristeza la impotencia que sentía mi padre, que se había partido la espalda por levantar aquella fábrica durante cuarenta años, cuando veía cómo la inutilidad y el orgullo de aquél jefe desconocedor de lo que realmente sucedía entre aquellas paredes estaban dando al traste con algo que era su único medio de vida. Si se hundía aquel barco, se veía en la calle. Pero también vería cómo lo que él había ayudado a levantar con sus propias manos se iba a derrumbar.

Mi padre no tenía estudios, no era un gran emprendedor y no sabía de números más allá de lo necesario, pero sabía perfectamente lo que necesitaba aquella fábrica para funcionar mejor y nunca nadie le escuchó.

Y yo, que veo tantísima similitud entre la historia de mi padre y el sistema educativo actual, me siento igual de decepcionado con el mundo. Peor aún; me siento mucho más decepcionado con el mundo, porque mi padre fabricaba zapatos y yo «fabrico» futuros ciudadanos, personas, aquellos que mañana llevarán las riendas de nuestra sociedad. Y, entenderá todo aquél que lea esta reflexión, nos podemos permitir fabricar zapatos defectuosos, pero no nos podemos permitir formar a personas defectuosas.

Así no se construye futuro.

Un Gobierno Abierto

Según la Wikipedia, un Gobierno Abierto es aquél que tiene como objetivo que la ciudadanía colabore en la creación y mejora de servicios públicos y en el robustecimiento de la transparencia y la rendición de cuentas.

Desde luego, la idea suena fantásticamente bien, pero su aplicación es muy dudosa, más aún en el ámbito de la educación y las leyes educativas.

Además de los continuos recortes en educación, la pérdida de derechos de los docentes y el insistente interés por ponernos en evidencia desde la Administración, las sucesivas leyes educativas que hemos «sufrido» en España, fruto de los intereses políticos más que de los intereses de los españoles, han puesto en evidencia la incapacidad de los distintos gobiernos que hemos tenido para llevar a cabo una reforma que todos sabemos tan necesaria: la creación de una ley educativa consensuada entre los distintos partidos políticos y, sobre todo, en la que los que más tenemos que decir al respecto, que somos los docentes, seamos tenidos en cuenta.
Pero no los docentes mediáticos que no se mojan a la hora de opinar. No esos docentes de cátedra que hace mil años que no pisan una escuela ni un instituto. No, esos no. Los docentes de a pie. Los que seguimos dando clase día a día. Los que sufrimos los continuos cambios de mal en peor de las distintas leyes educativas. Los que pasamos más horas con los niños que algunos de sus padres.

Pues eso, que ya va siendo hora de que se nos escuche. Tenemos mucho que decir en esto. y, mientras no se demuestre con hechos lo contrario, el término Gobierno Abierto en España será un cuento de hadas como Blancanieves y los siete enanitos.

 

Carta a una vieja maestra

Ahí va la tarea de la 2ª unidad del MOOC «Habilidades para la vida y alfabetización emocional en contextos educativos»: una carta a alguien que marcó nuestras vidas.

Estimada Señorita Mª Jose:

Te escribo esta carta desde la admiración que me produce el recordar a una maestra que fue capaz de marcar mi infancia como tú lo hiciste.

El motivo de esta carta es el de reflexionar acerca de mi trabajo para conseguir dejar en mis alumnos la huella que tú dejaste en mí. Sí, sí… Has leído bien… «En mis alumnos». Porque, como ya estarás imaginando, yo también soy maestro. De Música, conretamente. Conseguí unir mi pasión por la Música con mi pasión por trabajar con niños y hacer de ello mi trabajo. Y me hace muy feliz ir cada mañana a trabajar. Me encanta recibir tanto cariño y tantas sonrisas a todas horas, aunque cada vez veo que los padres valoran menos nuestro trabajo y eso hace que nuestra profesión sea como una enorme balanza con muchas cosas positivas en un lado y otras muchas cosas negativas en el otro.

Dedico muchas horas extraescolares a mejorar mi práctica docente (hago cursos, preparo material, investigo qué hacen otros colegas de profesión para aprender de ellos, comparto mis materiales para que otros se puedan aprovechar de ellos…) y cada día me esfuerzo por hacerlo un poquito mejor. Durante los últimos años creo que he cambiado en el sentido de ser cada vez más capaz de escuchar a los niños y tratarles de forma emocionalmente positiva, pero no sé si llego a calarles tan hondo como tú calabas en nosotros. Ese sería mi sueño como maestro. Calar. Llegar. Emocionar a mis alumnos con cada una de mis explicaciones para que aprendan e interioricen lo que les quiero transmitir.

Y que me recuerden con el mismo cariño con el que yo te recuerdo a ti. Eso sería impagable…