MOOC: “HABILIDADES PARA LA VIDA EN CONTEXTOS EDUCATIVOS”.
Unidad 4: Empatía.
Tarea 1 – Accines para mejorar la empatía.
ACCIÓN nº1: ELABORAR PREGUNTAS ABIERTAS
En la asamblea inicial de cada semana, al darles la bienvenida a clase o en cualquier debate que queramos plantear durante la clase, en lugar de hacerles preguntas cerradas como “¿Tenéis ganas de trabajar?”, plantearles cuestiones como “¿qué esperáis de esta semana?, ¿con qué ánimo venías al colegio hoy?, ¿os ha pasado algo estupendo este fin de semana y queréis contárselo a toda la clase?, ¿os por qué os gusta u os disgusta venir a mi clase?, ¿cómo podríamos hacer los demás que te sientas mejor en clase?”.
REFLEXIÓN SOBRE LO PRACTICADO ESTA SEMANA: Aunque es algo que practico de vez en cuando, esta semana lo he hecho con más frecuencia, comenzando todas las clases (soy especialista de Música y cada hora pasa un grupo distinto por mi aula) preguntándoles a mis alumnos qué tal se sentían, si tenían algo interesante que contarme, cómo podríamos mejorar mi forma de dar clases o la organización del aula para que ellos se sintieran más a gusto y tuvieran más ganas de trabajar y aprender…
La verdad es que en casi todas las clases han salido propuestas interesantes, aunque algunas eran muy vagas y otras del tipo “no hagas exámenes” o “pon un 10 a toda la clase”, con las que, generalmente, nos hemos reído bastante.
ACCIÓN nº2: ELIMINAR PREJUICIOS SOBRE ALUMNOS
Tanto los alumnos como los maestros tenemos prejuicios formados sobre algunos alumnos, tanto en sentido negativo como en sentido positivo. Que si se porta siempre muy mal, que si nunca atiende, que si nunca hace las tareas, que si es incapaz de hacer una actividad, que si es un sabelotodo y siempre responde, que si siempre termina el primero…
Hay que esforzarse por eliminar los estereotipos y los prejuicios que todos tenemos formados sobre algunos alumnos (ya sean positivos o negativos) tratarlos a todos (tanto maestros como alumnos) como si esos roles predefinidos no existieran. Hay que dar una nueva oportunidad de hacerlo bien (o de equivocarse) en cada clase, animando a los alumnos a hacerlo todo lo mejor que cada uno pueda.
ACCIÓN nº3: PRESTAR ATENCIÓN A LOS PEQUEÑOS DETALLES
Muchas veces, nuestros ojos son capaces de ver detalles que, a menudo, pasan inadvertidos. Cómo se sienta un niño en clase, cómo se relaciona con los que se sientan a su alrededor, con quién se pone a jugar o hablar cuando les dices que tienen 3 minutos de descanso para hacer lo que les apetezca (sin alborotar), quién se queda sólo (y por qué) cuando pides que hagan grupos de 3 o 4 para hacer un juego…
Con esos ejercicios de atención podemos descubrir mucho acerca de cómo se sienten los alumnos dentro del grupo clase, cómo se relacionan entre ellos, quiénes son líderes y quiénes excluidos…
ACCIÓN nº4: NO EMITIR JUICIOS SOBRE LOS ERRORES DE LOS ALUMNOS
Cuando un alumno diga que esto u otro no le sale, hay que evitar sermonearle con críticas del estilo “es que no estabas atento en clase” o “seguro que no has estudiado nada en casa”. Cuando un niño dice que no quieren hacer grupos de trabajo con él, hay que evitar sermonearle con críticas del estilo “claro, como nunca aportas nada están hartos de hacer tu parte del trabajo” o “normal, como siempre te pasas la clase molestando y sin atender, nadie quiere trabajar contigo”.
Si un alumno prevé que se le va a sermonear, nunca nos contará cómo se siente y nunca se nos “abrirá” para que realmente podamos ayudarle, por lo que evitar este tipo de sermones nos puede ayudar a crear un ambiente más empático.